Youtube. Evolución y ética de la televisión global

Artículo publicado en la revista Serra d’Or, número 687, marzo 2017. Original en catalán.

Youtube. Evolución y ética de la televisión global

La construcción de una televisión global
La empresa privada Youtube forma parte hoy en día de nuestra cotidianidad. Desde periodistas y profesionales del audiovisual hasta gente corriente de diferentes estratos sociales y generaciones, usan esta plataforma online habitualmente. La investigación de un video del cual hemos oido hablar, de un nuevo videoclip, o de las imágenes de un programa de televisión que queremos ver, las vamos a buscar a Youtube, como quien compra zapatos en una zapatería. El hecho más chocante de esta asunción es que el proyecto nació apenas hace una docena de años. Esta profundidad de expansión social nos presenta la primera gran característica que definiría Youtube: la gran velocidad de implosión en la era digital.

La empresa Youtube fue registrada en los Estados Unidos en febrero del 2005 por tres hombres menores de treinta años: Chad Hurley (Pensilvania, 1977), Steve Chen (Taiwan, 1978) y Jawed Karim (Alemania Oriental, 1979). El crecimiento y uso exponencial de la plataforma significó que Google comprara la empresa por 1.650 millones de dólares un año y medio después.

Youtube fue devorando sus rivales hasta dominar el mercado de videos gratuitos en internet. Actualmente sus cifras son tan gigantes que la contabilidad es aproximada. Se calcula que hay una carga de cien horas de video por minuto al servidor y unos tres billones de videos en su red. Youtube es la tercera página más vista del mundo después de Google y Facebook. Durante este años ha mantenido una evolución tecnológica constante, lo que ha reafirmado su éxito. Hoy en día es una televisión global con más de mil millones de usuarios. Un infinito océano de imágenes inabarcables. Ni la propia empresa puede llegar a controlar la totalidad de material que constantemente les llega. El anchísimo espectro de contenidos va desde el mundo audiovisual profesional hasta cualquier persona o grupo que decida compartir un video, por el motivo que sea, lo que da pie a una gran gama de ejemplos y ocurrencias.

Primera etapa. Del amateurismo a la profesionalización

El profesor canadiense Michael Strangelove considera, en su libro pionero de estudio sobre la temática (Watching Youtube, 2010), que Youtube ya ha vivido dos etapas. La primera, bastante libre, donde los usuarios amateurs tenían opciones de destacar e internacionalizar sus contenidos. Algunas personas podían hacerse famosas en la red desde casa suya, sin intermediarios, desde Filipinas (como los hermanos Momoypalaboy y sus parodias musicales) hasta Argentina (como La loca de mierda). Dos ejemplos donde sus protagonistas adquirieron visibilidad y consiguieron trabajos profesionales fuera de la red. Esta etapa inicial, de exhibicionismo y exploración, contenía graves problemas legales que se fueron resolviendo poco a poco, no sin contratiempos.

En los inicios, miles de usuarios empezaron a compartir a la plataforma sus canciones preferidas, resúmenes deportivos, programas de televisión grabados, etc., de los cuales no poseían los derechos y Youtube tampoco. Esto provocó demandas de empresas y juicios, dentro de un espacio legal pantanoso frente a los imprevistos retos de internet. Los poderosos enemigos del todavía económicamente débil Youtube se fueron dando cuenta que la plataforma sería imparable y que en lugar de enfrentarse, sería más pragmático unirse y compartir beneficios. Para poner sólo un ejemplo, la gran industria de la música (Sony, Universal) creó su propia página en Youtube para aglutinar el mainstream musical de la escena norteamericana. Bajo el nombre de Vevo, a partir de finales del 2009, se pudo empezar a escuchar esta música legalmente, repartiéndose las empresas los ingresos por la publicidad generada.

Por su lado, Youtube fue implementando unos procedimientos de eliminación automática de contenidos en función de las denuncias de copyright. En la actualidad, cada vez hay menos conflictos a pesar de que algunas rendijas legales todavía existen. La legalización de los materiales de la plataforma, pero, ha evolucionado mucho, lo que ha ido provocando el fin de una primera “era dorada” por los usuarios, o el fin de una “cueva de piratas”, para las empresas.

Segunda etapa. Si la bolsa suena

El talón de Aquiles de la empresa, desde sus inicios, y aunque parezca paradójico, ha sido el dinero. Los costes de los conflictos legales iniciales y la mala fama por contenidos considerados inadecuados, han hecho que durante años anunciantes e inversores fueran cautelosos. Al mismo tiempo, las cifras económicas oficiales de Youtube son opacas y esto hace que su fiabilidad económica esté rodeada de misterio.

El principal método que la empresa fue desarrollando para hacer caja se basó al convertir sus usuarios más exitosos en co-beneficiarios económicos. Es lo que se conoce actualmente por Youtubers y algunos de ellos ya hace años que viven de crear videos. La plataforma comparte los ingresos con los usuarios de éxito, dinero obtenido de la publicidad, en relación al número de visitas que obtienen. A la vez, promociona sus videos priorizándolos en la web, lo que acaba revirtiendo con más visitas. En España se han hecho famosos jóvenes por encima la veintena de años, como El Rubius, Wismichu o AuronPlay, entre otros, y sus videos ocupan la visibilidad prioritaria de la página en detrimento de todos los demás. De vez en cuando, pero, los usuarios todavía hacen destacar lo que quieren por encima de las imposiciones de la plataforma. Es el reciente caso de la joven catalana de diecinueve años denominada Bad Gyal, que con un par de canciones y un catalán hibridación de varias lenguas y compactado al estilo Whatsapp, ha dado la campanada, saltando a los medios de comunicación y abriéndose camino profesional. Aún así, en esta segunda etapa actual, Youtube ya está controlada por la propia Youtube, por empresas anunciantes y fuertes estrategias de marketing. El espacio por los amateurs, los independientes o los microproyectos, es reducido y cada vez más complicado para hacerse ver.

El impacto en la juventud. Cuestiones éticas no planteadas

Este giro de Youtube hacia la profesionalización de los contenidos y la potencialitzación económica de sus servicios, contiene unos factores que son interesantes de analizar. A pesar de que la plataforma es usada por personas de edades muy diferentes, la audiencia potencial de Youtube, aquella que hace popular los Youtubers y consume horas diarias, es menor de veinticinco años.

Estas jóvenes generaciones acceden poco a la televisión tradicional, ellos mismos se organizan la programación y la ven online. Es un rasgo generacional distintivo en el consumo de ocio que en la juventud, esencialmente, pasa por internet. Este hecho contiene una gran diferencia entre la responsabilidad social de las cadenas de televisión y la de internet, y por extensión, la de Youtube. Así como las televisiones tienen unos contratos sociales y códigos éticos (que tendríamos que valorar si son cumplidos, un amplio tema de debate que en este artículo no corresponde), Youtube es una empresa privada que sólo busca el beneficio económico. Su impacto en estas generaciones, pero, es superior al de la televisión.

La autoregulación de los contenidos de Youtube es relativa. Por ejemplo, la plataforma tiene una estricto prohibición en cuanto a contenido pornográfico, pero un control de restricción de videos por menores muy débil y no tiene un control claro de calidad o ética de sus contenidos. En el caso de los populares Youtubers, si usan abiertamente expresiones misóginas u homófobas, o roles marcadamente sexistas, hecho que sucede a menudo, Youtube no tan sólo los acoge sino que si los videos ofrecen rentabilidad, los promociona y los pone en portada. Así como los contenidos de un canal de televisión están controlados, medidos por unos responsables, que se acotan a la normativa audiovisual del país correspondiente, los Youtubers son bastante incontrolables. Nuevas estrellas de la televisión online que, a pesar de que cuentan con mánagers los más exitosos, el marco de su discurso es azaroso. Dicho de otro modo, expresiones y contenidos habituales de algunos de los Youtubers más conocidos en España, en la televisión pública y privada del país son inencontrables y, si aparecieran, probablemente generarían un escándalo en la emisora y la destitución del presentador correspondiente.

El fuertísimo impacto de estos contenidos no regulados en la población menor de edad, que se encuentra en pleno desarrollo personal y que sitúa los Youtubers como ídolos generacionales, es, en mi opinión, una cuestión de formación generacional de nuestro presente todavía no planteada. Los gobiernos no han llegado a poder evaluar este fenómeno social veloz y consolidado, que plantea importantes preguntas éticas por el mundo educativo y familiar.

En la televisión de Youtube hay espacio para casi todo, pero faltan contenidos de calidad visibles frente el masivo y agobiante éxito del “youtuberismo” juvenil (mucha música y humor, pero también productos audiovisuales vacíos de contenido o cuestionables, como los ya mencionados). Quizás en un futuro, cuando las jóvenes generaciones crecidas con Youtube sean maduras, ellas mismas podrán revertir los contenidos de la red. Por ahora, sólo el mundo del arte y el cine han sabido entender su relevancia y velocidad, extrayendo partes interesantes, como entre otros el argentino Mauro Andrizzi (haciendo una película de análisis político sobre la guerra de Iraq a partir de imágenes del conflicto filmadas por soldados, Iraqi Short Films, 2008) o la barcelonesa Flor Aliberti (Coming out, 2015), reapropiándose de autorretratos de adolescentes que comparten su crecimiento sexual en las redes.